Desde Cali, nuestro colaborador Edgardo Machado nos envía una oda a un fruto típico de su región, disfruten ‘¡Ricooo chontaduro maduro!’.

 

El chontaduro es más que un fruto,
el más de delicioso, por cierto…
Se cocina en agua, que será su propio
jugo y su color rojizo y oro amarillento
brilla como los dientes blancos
de las negrazas que lo venden;
ellas son las platoneras
que lo cocinan en agua con sal
por cerca de cinco horas,
y lo venden de a pie o en carretas ambulantes
en Cali, en Pradera, en Palmira,
en Tambo, Cauca, en Bogotá,
y en el resto del país ya no se desconoce;
en Venezuela lo llaman pijigua,
Pifá en Panamá y pijuayo en Perú;
un racimo tiene hasta ciento cuarenta frutos
y se lo come con sal, untado de miel
o con leche condensada,
en jugo, tortas y jaleas, en fideos y compotas;
aunque no se ha comprobado
muchos lo consideran un afrodisiaco;
pertenece a la tribu cocoeae
y a la especie Bactris gasipaes,
de la pulpa se extrae una “chicha” y aceite,
existen varias clases, el rojo, amarillo,
verde, rojo, grasosos y aguado,
fue plantado desde épocas
precolombinas por los indígenas,
con su madera se puede construir
marimbas de chonta;
las semillas duras se mastican
y se saborea el coco.
En Florida, mi pueblo natal,
me deleitaba cuando lo compraba
recién bajaba la olla del fogón
una platonera llegada de Buenaventura
cuyo nombre no recuerdo…
¡Ah, el chontaduro sirve para la memoria!

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