Uno de los recientes poemas de Edgardo Machado Ortega, nuestro colaborador.

 

Fue la hija que el Caos engendró,
las estrellas, cual zafiro, son su adorno
la Osa mayor y hasta Orión
vigilan rutilantes en su entorno.

Es la madre y consuelo del destino
ya que este nació ciego, invidente,
un velo negro le sirve de ropaje
canta el gallo con su voz impertinente.

No penetran los rayos del sol en tu palacio
ni el ruido de los perros, ni los gansos
sus aguas desliza por allí el río del olvido
e invita a dormir con sueños mansos.

Hijo de la noche que yaces en tu lecho
vives rodeado de negros cortinajes
reposas allí sobre las altas plumas
cuidado por Morfeo, ministro del celaje.

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