Una reflexión que nos comparte Paula Díaz desde tierras cafeteras. 

 

Yo aprendí a cuenta de golpes a no creer mucho en la gente tan efusiva, esa que no se borra la hipócrita sonrisa cuando cargan un alma podrida; a no esperar nada de los que mucho prometen, si no a amar a los que sin tener nada, lo dan todo por vos; a disfrutar la soledad porque solo el que te acoge con ella es capaz de compartir más que una vida y a mantener las puertas abiertas para que el que se quede, lo haga a cuento de nada. Por eso cuando ofrecí mi modesta sonrisa, regalé una alegría del alma, desnudé mi más pura soledad y me atreví a abrir las puertas del corazón con vos adentro, expuse los flancos más vulnerables del corazón al dolor y no me importó, porque si el amor no duele, no cultiva enseñanza, si no hiere, no deja cicatrices en la memoria y si no mata, deja un sabor a nada con el que no vale la pena vivir.

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